Mientras que todos los titulares en los medios de comunicación los acapara Wall Street, hay cuestiones de la economía del país a las que no se les está prestando la atención debida y supone un riesgo no hacerlo.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, confirmó la pasada semana que los tipos de interés bajos (0-0,25%) permancerán durante un buen tiempo, al menos durante dos años, por lo que esta fase llegará al menos hasta el 2022, al tiempo que dijo que no implementarán tasas de interés negativas. De todas maneras, el mercado sí cree que lo hará a finales de año, seguramente en noviembre.

Y es precisamente este tema de los tipos de interés negativos el que trae de cabeza a todos los bancos centrales del mundo. El debate sobre las tasas negativas se ha intensificado a nivel mundial en las últimas semanas, liderado por el Banco de Inglaterra y el Banco de la Reserva de Nueva Zelanda, que han dicho que es una opción que no descartan. En cambio, la Reserva Federal y el Banco de Canadá han rechazado la idea. En cambio, Australia está en medio y no se puede descartar completamente la posibilidad de que el banco central de Australia recurra a tasas de interés negativas, pero tiene otras opciones en su conjunto de herramientas de política antes de seguir ese camino. Fíjense que el propio gobernador del RBA, Philip Lowe, ha dicho que es «extraordinariamente improbable, aunque las circunstancias tanto aquí como en el extranjero tendrían que deteriorarse bastante antes de que el RBA considere esa idea». Recordemos qe el RBA redujo su tasa de interés a un mínimo histórico del 0,25% e inició un programa de compra de bonos en marzo.

En el caso del Banco de Inglaterra, la perspectiva de tasas de interés negativas vuelve al centro de atención y podríamos verlo el próximo año. El BOE podría incluso reducir los tipos 50 puntos básicos en la primera mitad de 2021 si tenemos un Brexit duro o un rebrote del Covid. Tal acción vendría en dos etapas durante febrero y mayo de 2021, y es que la relajación cuantitativa por sí sola no será suficiente para ayudar a la economía a salir de una recesión histórica, especialmente dadas las preocupaciones sobre un Brexit caótico a finales de año.

Estados Unidos fueron el único país que informó de una disminución de su tasa de desempleo en el mes de mayo. Sin embargo, desde una perspectiva mundial, los datos recibidos en tiempo real han sido en general mucho mejores de lo previsto.

Global Unemployment Rates

Es cierto que el pesimismo en cuanto al empleo se ha visto reducido un poco en la semana, pero se trata sólo de eso, una paequeña rebaja en el desempleo. En concreto, se espera una tasa de desempleo del 13,4% en el segundo trimestre del presente ejercicio. Para finales de 2021 se espera que la tasa esté en el 7%.

Por su parte, las previsiones anuales del producto interno bruto apenas se modificaron y se espera que la economía estadounidense se contraiga un 5,7% este año en curso para luego expandirse un 4% en 2021 y un 2,8% en 2022.

Al menos tuvimos una caída del IPC mensual de mayo de solo una décima, un ritmo mucho más moderado que el -0,8% observado en abril. Con ello, el nivel del IPC subyacente anualizado se sitúa en el 1,2%.

La idea central y que conviene no perder de vista es que la economía se encuentra en un agujero profundo, lo que justifica un fuerte apoyo monetario y fiscal. Una cuestión que puede frenar un mayor repunte es la perspectiva de que se desvanezca el estímulo de los beneficios federales de desempleo y los préstamos para pequeñas empresas. Y es que el país avanza poco a poco pero podría detenerse bruscamente en agosto y septiembre cuando los programas comiencen a agotarse.

Pero aquí no acaban las preocupaciones. La deuda nacional superó los 26 billones de dólares la pasada semana por primera vez. A finales de febrero, se situó en 23,4 billones de dólares. Desde 1966, el crecimiento anual de la deuda nacional ha superado el crecimiento del PIB nominal (8,5% vs. 6,3%), con la brecha ampliándose sustancialmente en los últimos 15 años (8,4% vs. 3,5%). Esto ha sido así tanto en entornos recesivos como expansivos, y tanto en administraciones demócratas como republicanas. La única constante ha sido más deuda. Un escenario positivo más realista sería que el crecimiento de la deuda se desacelerara a partir de aquí mientras la actividad económica mejora, pero es un escenario poco realista en estos momentos. La deuda se convierte en un verdadero problema en el momento en que se empieza a hablar en los medios de comunicación de preocupación por su incumplimiento, pero estamos lejos de esa tesitura.

Durante esta crisis económica mundial, los inversores siguen viendo a los EE.UU como un refugio seguro, incluso con una relación deuda/PIB del 121%. Si eso suena absurdo, basta con mirar de reojo a Japón y su 240% de deuda en relación al PIB, la más alta del mundo.

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