Ojito que la historia se repite en Wall Street. Están en el punto de mira los CLO (collateralised debt obligation), unos bonos creados por los bancos de inversión para desprenderse del riesgo de la avalancha de préstamos a empresas que han concedido en los últimos años. Una bomba de relojería de aproximadamente unos 650.000 millones de euros.

Si hace una década el producto estrella eran las hipotecas, en los últimos años fueron los créditos a las empresas. La era de tipos ultrabajos que habían instaurado los bancos centrales inundó el mercado de liquidez e hizo posible que todas las empresas pudiesen acceder a créditos históricamente baratos. Los bancos que se los conceden no quieren asumir solos el riesgo de prestar a empresas que en muchos casos son débiles ante turbulencias financieras. Y por ello los venden a grandes fondos, que trocean estos préstamos y empaquetan cada una de esas partes junto a otros préstamos similares en unos bonos de titulización, llamados CLO, que venden a vehículos de deuda y hedge funds.

Es cierto que los CLO tienen algunas cosas en común con las hipotecas subprime, por ejemplo:

  • No se «controla» la solvencia del deudor.
  • Apenas están regulados por la SEC.

El Banco de Inglaterra puso el grito en el cielo al decir que la mitad de los préstamos apalancados del mercado están en poder de las entidades bancarias. ¿problema? Pues que si se produce, debido a la crisis económica a la que nos dirigimos, un impago masivo, el sistema financiero mundial volvería a tambalearse en el sentido literal de la palabra.  Y es que si las empresas ganan menos, no podrán hacer frente al pago de sus deudas, de ahí que el tema sea sumamente delicado.

Fíjense que la Ley Dodd-Frank implementada por Obama después de la crisis del 2008, obligaba a los emisores de de deuda (CDO y CLO) a quedarse con una parte de ella. El objetivo era obligar a las entidades bancarias a ser más responsable con los créditos que concedía a sus clientes. Pero en mayo de 2018 todo cambió con Trump, el cual eliminó de un plumazo buena parte de las reglas bancarias, con lo que muchas compañías que vendrían CLO ya no tenían la obligación de tener como mínimo el 5% del riesgo de crédito.

Otro problema que presenta este tipo de producto es que es prácticamente imposible saber qué cantidad real están manejando los fondos de inversión. Se han estimado una serie de cálculos que arrojan números dispares. Por ejemplo, unos dicen (BIS) que hablamos de 1,4 billones de dólares, lo que implicaría un 100% más que en el año 2007, otros afirman (Banco de Inglaterra) que son 2,2 billones.

Por tanto, el gran peligro y temor es que asistamos a una serie o encadenamiento de impagos como ya sucediera con las hipotecas subprime en EE.UU, porque tengamos siempre en cuenta que los CLO son de la misma familia que los CDO (producto con hipotecas tóxicas que se vendían y que ocasionaron la gran crisis de 2008). Claro, el hecho de que los bancos vuelvan a ser los protagonistas como en aquella ocasión no hace sino agravar las preocupaciones. Concretamente los bancos de Estados Unidos, Europa y Japón son los principales dueños de estos productos ahora, por lo que está en juego su capital y liquidez.

Pero aun hay más, porque es una espiral que no se detiene. Los bancos también prestan dinero a inversores no financieros y que invierten en créditos apalancados y en CLO. Y para colmo, los bancos no son los únicos actores, están también los fondos de inversión que tienen en total más de 410.000 millones de euros invertidos en préstamos apalancados y CLO, así como las compañías aseguradoras que tienen más de 121.000 millones.

No, el ser humano no aprende de los errores, ni siquiera con dolor y sufrimiento, o mejor dicho, aprende en el corto plazo, pero la memoria es pequeña y la avaricia y codicia termina imponiéndose al raciocinio y las buenas prácticas. Así nos fue y así nos irá. No diga nadie que no se advierten las cosas con antelación…

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