John Templeton: «los mercados alcistas nacen con pesimismo, crecen con escepticismo, maduran con optimismo y mueren con euforia». Qué gran verdad.

Los esfuerzos de la Reserva Federal para tratar de evitar que la crisis sanitaria y la crisis económica se conviertan en una crisis del sistema financiero recuerda al año 2008-2009, aunque en ésta ocasión las medidas son aun mayores. Junto con los programas de ayuda iniciados por el Congreso y el Departamento del Tesoro, el estímulo combinado equivale a más del 25% del producto interno bruto de EE.UU este año. La velocidad con la que el virus se propagó y la economía se cerró se reflejó en el movimiento más rápido de la historia, desde un máximo histórico para el S&P 500 el 19 de febrero hasta una caída del -35% para formar un suelo en el mes de marzo. Ésto ha provocado una desconexión real entre Wall Street y la economía, porque realmente los datos macro no son precisamente para ver una subida tan fuerte desde marzo.

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Por si no fuera suficiente con la crisis económica a la que nos vamos a ver abocados (la mayor desde el año 1929), además tenemos también las conversaciones del Brexit en el actual periodo transitorio que no van bien y las tensiones entre Estados Unidos y China. Sobre todo la primera y la tercera razón serían por sí solas, en cualquier otro momento, suficientes para que la renta variable no tuviera estos repuntes tan fuertes al alza. Pero venimos de la mayor racha de expansión de la economía norteamericana y ello produce un viento de cola y una inercia entre los inversores que hace que crean que nada puede detener a los mercados, que cualquier hecho, por muy negativo que pudiera ser, será meramente coyuntural y no estructural, aparte de temporal, de manera que aprovechan las caídas para comprar.

Sí, me preocupa. Me preocupa básicamente porque esas expectativas que son las que alientan a comprar Bolsa son precisamente eso, expectativas, y si finalmente no se producen (hay un mayor retraso a la hora de tener una vacuna, tenemos una nueva ola del Covid 19 en otoño y las economías han de volverse a paralizar) la decepción será de la misma intensidad y por ende las caídas serán fuertes. Pero bueno, no seamos pesimistas y esperemos lo contrario.

A día de hoy más del 95% de las acciones que componen el índice S&P 500 están por encima de su media móvil de 50 días, aunque menos del 50% se están negociando por encima de su media móvil de 200 días. Con sólo éste dato se puede comprender el por qué del rally alcista.

Aquí pueden ver la historia de los mercados bajistas posteriores a la Segunda Guerra Mundial que se han asociado con recesiones.

Bear Markets Recessions Table

La última década fue la primera en la historia en no tener una recesión. Las cosas se veían muy bien en febrero y luego pasó lo que todos ya sabemos.

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La recuperación de los mercados está basada en expectativas de tener pronto una vacuna, pero no en hechos ni en realidades, de ahí la disociación entre mercados bursátiles y situación real de las economías, porque hasta el 2022 no se podrá volver a estar como antes de la pandemia del coronavirus. El S&P500 ha estado bien apoyado por sus 5 grandes compañías, pero necesitará una participación más amplia de las 495 restantes si pretende mantenerse arriba.

En Europa, hemos tenido como alumno aventajado al Dax alemán subiendo hoy +3,83% y ésto se debe a dos razones:

  • Primera, el consejo de administración de Lufthansa aprueba su rescate gubernamental.
  • Segunda, Volkswagen y BMW suben con fuerza ante la perspectiva de un plan estatal de 5.000 millones de euros para impulsar las ventas.

Fíjense que desde los mínimos de marzo, el índice germano sube ya un +42%. Está a puntito de llegar a su media móvil 200, no como el Ibex o el Eurostoxx que aun están lejos. El S&P500 ya la superó la pasada semana.

Goldman Sachs ha cedido finalmente a la presión del continuo repunte de las acciones de EE.UU y ha abandonado su llamamiento a vender ya que han cambiado su valoración de lo que hará el S&P500. Hasta ahora esperaban caídas a los 2.400 puntos (más de un 20% por debajo del cierre del viernes de 3.044 puntos), pero ahora creen que en todo caso caerá a los 2.750 puntos. No es una opinión ecuánime, ya que en Wall Street hay otra corriente que cree que subirá a los 3.200 puntos gracias al apoyo fiscal y monetario.

Las divisas muestran algo que es un hecho. El fortalecimiento de las monedas vinculadas a commodities (materias primas) y el debilitamiento de las monedas refugio sugieren que el apetito de los inversores se mantiene optimista y siguen apostando por una recuperación económica global.

Para terminar, tres apuntes de otros mercados:

– El euro alcanzó el martes un máximo de 11 semanas. Se espera que el BCE aumente el jueves su Programa de Compras de Emergencia en unos 500.000 millones de euros.

– La libra sube después de que se informara de que Reino Unido podría estar dispuesto a transigir en materia de pesca y normas comerciales si la UE accedía a renunciar a otras demandas. La libra está en su racha ascendente más larga contra el dólar desde abril.

– Los precios del cobre subiendo por los datos de las fabricas de China (el principal consumidor) y la flexibilización de los cierres para contener el coronavirus. Esto se traducirá en mayor demanda. Ya saben que el cobre se asocia a recuperación económica.

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