Italia nunca parece estar lejos de una recesión, y la propagación del coronavirus puede hacerla retroceder de nuevo a la zona de peligro. Las autoridades cerraron casi una docena de ciudades, ya que el lunes confirmó el sexto muerto y elevó la cifra de contagiados a 229. Venecia reportó sus dos primeros casos de coronavirus, y cerró su carnaval anual dos días antes.

Puede parecer una exageración, pero es que las zonas infectadas de Lombardía y Véneto representan un tercio del producto interior bruto del país (equivalente al 31 % del PIB de Italia y representan el 40 % de las exportaciones). Recordemos que en el último trimestre de 2019 el país tuvo una contracción del PIB del 0,3 %, pero es que ahora la actividad económica está en riesgo en dos regiones fundamentales desde el punto de vista productivo.

El eslabón más débil de Europa ahora tiene que lidiar con un incremento de las infecciones y un bloqueo del gobierno en un área que es tanto el centro financiero del país como su corazón industrial. Una prueba de la gravedad de la situación es que el fabricante de coches Fiat ordenó a todos los trabajadores de las zonas afectadas que trabajaran desde sus casas, mientras que el diseñador de moda Armani cerró sus oficinas de Milán así como las fábricas del norte de Italia durante una semana. Y ojo, Milán ha registrado un 80 % menos de compras de ropa, perfumes y joyas durante la pasada semana. Ya se está empezando a hablar que si Italia no consigue contener el virus tendrá que suspender el Acuerdo de Schengen (de libre circulación de personas).

La frágil coalición gobernante de Italia está tratando de aliviar la carga financiera de las empresas de la región. Pero el problema es de donde sacar más «fuerza», porque el arsenal del Banco Central Europeo está agotado, y el apoyo fiscal interno pesaría sobre un presupuesto ya de por sí estirado (recordemos que el ratio de deuda del país ya es casi el 140% del producto interior bruto). Es más, el propio Banco Central Europeo reconoce que si no se aprecia una recuperación rápida se requerirá una actuación coordinada, aunque la política monetaria ya es muy acomodaticia en todo el mundo, y es muy poco probable que se pueda hacer mucho más en ese frente. ¿Qué les quedaría por hacer entonces? Incrementar las compras de deuda corporativa dentro de su programa QE. Así las cosas, el único remedio para el BCE sería aumentar las compras de deuda, sobre todo la corporativa.

Todo apunta a que si la situación no se aclara rápidamente, una contracción del 1% del PIB en Italia este año es bastante posible y eso sería lo peor que se vería en el país desde el punto álgido de la crisis de la deuda europea en el 2013.

Como cabía de esperar, la preocupación por la recesión hizo que las acciones y los bonos italianos cayeran con intensidad. El índice FTSE MIB se derrumbó casi un 5% en lo que es el mayor descenso diario desde septiembre de 2018. A modo de curiosidad, de cir que las acciones de la Juventus cayeron más de un 10% el lunes (nadie caía más en el FTSE MIB) después de que tres partidos de fútbol de la Serie A fueran cancelados debido a la propagación del coronavirus. También cayeron con fuerza Azimut -7.14% y la firma de productos de lujo Salvatore Ferragamo -7.68%.

Normal si la volatilidad (Vix) subía +35% el lunes. En la tabla pueden ver los días históricos en que más ha subido desde el año 1990.

Nadie se libra. Ante la actual coyuntura, los inversores poderosos tampoco. El afamado inversor Warren Buffett reconoció en una entrevista en televisión que sus negocios (desde muebles hasta ferrocarriles) estaban siendo afectados. Por otro lado, el fundador de MGA Entertainment, Isaac Larian, fabricante de la popular línea de muñecas Bratz, advirtió en una entrevista con el Financial Times que el negocio de los juguetes se vería afectado a lo grande por el coronavirus.

Todo ésto es munición en política, que ya sabemos que generalmente todo suele valer con tal de agotar al contrincante. Matteo Salvini, líder del partido de la Liga, aprovechó el brote para atacar al primer ministro Giuseppe Conte por no defender las fronteras de Italia. Su argumento se podía resumir en que «Italia necesita blindar sus fronteras», a la vez que pedía a Conte que dimitiera, el cual lleva presidiendo reuniones maratonianas en Roma para contrarrestar la propagación de la enfermedad (su plan de reformas fiscales e inversiones para reiniciar una economía enferma que se ha estancado).

Con la probabilidad de que continúen otros brotes en todo el mundo, y de que Irak y Turquía cierren sus fronteras con Irán después de que se hayan reportado casos allí, los mercados financieros bien podrían tener que acostumbrarse a un período prolongado de incertidumbre, a medida que el comportamiento de los consumidores a nivel mundial comienza a cambiar. De hecho, ya hay pruebas de que esto está sucediendo, con las cifras de turistas chinos a la baja en todo el mundo, mientras que el ministro de finanzas francés dijo que las cifras de turistas en Francia ya han bajado más del 30%.

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