¿Grexit veraniego?

¿Grexit veraniego?

 

Dentro de poquitos días nos adentraremos en el mes de junio, momento clave para Grecia y dónde veremos si el último órdago tiene tal naturaleza o es otro farol a los que nos tienen acostumbrados.

Continúan los dimes y diretes con el manido tema de Grecia y sus deudas. El Gobierno griego reconoce lo que era prácticamente un secreto a voces, que no tienen la liquidez suficiente para hacer frente a sus próximas obligaciones en el mes de junio, sí, ahí, a la vuelta de la esquina como quien dice. Y van más allá en sus declaraciones, ya que han reiterado que si para entonces no han recibido ayuda económica, procederán a la suspensión de pagos.

Realmente todo el culebrón y puesta en escena que los griegos llevan realizando meses obedece ex profeso a una estrategia basada en la amenaza de no pagar al FMI la deuda pendiente, aunque ello suponga un harakiri en toda regla, pero llegados a este punto de la película, la mentalidad helena viene a ser un todo o nada y de perdidos al río.

Y es que no hay más que realizar un ejercicio de exégesis para darse cuenta de todo, sobre todo desde un punto empírico. Europa lo sabe, es plenamente consciente de ello, pero la cuerda se va tensando cada vez más y no va a durar eternamente.

La cuestión es que Grecia ha de afrontar diversos pagos al FMI el próximo mes, concretamente unos 1.500 millones de euros, cantidad que no tienen ni por asomo, por lo que piden que se les mande el último tramo del rescate que son unos 7.200 millones de euros. Europa mantiene el mantra de que para ello han de cumplir con lo pactado (flexibilizar el mercado laboral y ajustar las pensiones), pero a los griegos les entra por un oído y les sale por el otro, ellos sólo quieren recibir dinero sin nada a cambio.

La primera prueba la tendremos el próximo 5 de junio, momento en el que le tocaría devolver 300 millones de euros, será el momento de ver si los helenos van de farol y si Europa vuelve a ceder disfrazando la situación con sutiles eufemismos. De momento, lo último es que el pasado jueves se reunieron Holland, Tsipras y Merkel, pero no llegaron a ningún acuerdo.

Los bancos del país siguen vivos gracias a la respiración asistida que le suministra el Banco Central Europeo mediante el mecanismo extraordinario de liquidez (ELA), ya que en los últimos cinco meses han visto cómo salían más de 30.000 millones de euros en depósitos ante el temor a un corralito financiero. Esto significa que la viabilidad de los bancos depende del BCE, pero claro, si Grecia se pone farruca y no cede en su empeño y finalmente no paga sus deudas, la entidad presidida por Mario Draghi podría cerrar el grifo del ELA, estando Grecia abocada irremediablemente a un corralito (algo que la propia agencia de calificación crediticia Moody’s no descarta en modo alguno en los próximos meses).

Desde Alemania han querido dar un halo de esperanza al Gobierno de Tsipras afirmando que si Grecia alcanza un excedente presupuestario primario y cumple con sus obligaciones, pero aún continúa teniendo necesidades financieras, entonces será el momento de hablar tranquilamente. Toda una declaración de intenciones, tú primero cumple y luego ya veremos qué hacemos en función de cómo te hayas comportado.

Curiosa es cuanto menos la noticia de la que se hacía eco Bloomberg anunciando que el ministro de finanzas alemán, Schaeuble, habría barajado la idea y la posibilidad de que Grecia tuviese una moneda vinculada y paralela, al más puro estilo de Montenegro (que utiliza el euro sin ser miembro de la eurozona).

¿Y ésto como se podría llevar a cabo? En principio podría ser emitiendo pagarés cuyo valor estaría respaldado por deuda pública griega, pero claro, el descuento frente al euro sería enorme, háganse la idea de que hablamos mínimo de un 30% y de ahí en adelante sin descartar el 50%.

– Ventajas

* Al menos de esta forma no saldrían del euro para siempre, ya que más adelante podrían regresar a la moneda comunitaria siempre y cuando acepten y sobre todo cumplan las condiciones requeridas y exigidas.

* Podrían cubrir buena parte del pago de las pensiones, nóminas y servicios públicos.

– Inconvenientes

* La nueva moneda sólo tendría uso y validez interno.

* Sufriría una depreciación frente al euro brutal, hablamos de una horquilla de entre el 30% y el 50% nada más y nada menos, con lo que los ciudadanos perderían bastante poder adquisitivo, ya no digamos los pensionistas.

Sea como fuere, Tsipras y compañía están embarcados en un juego muy peligroso en el que es el pueblo el que más tiene que perder, pero ya sabemos la máxima de sus dirigentes: audentes fortuna iuvat, la fortuna ayuda a los audaces.

Foto cortesía de Free Photo Bank

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