dinero

 

Recientemente, la revista británica The Economist publicó un artículo donde abordaba los efectos y consecuencias negativas que supondría establecer e implementar una renta básica universal. Es por ello que, dada la rabiosa actualidad sobre este asunto, he creído conveniente y oportuno dales mi opinión al respecto.

Para quienes no lo sepan, no es algo nuevo, de hecho existe desde el año 1986 una red europea, la Basic Income Earth Network (BIEN), cuyo objetivo principal consiste en avivar e impulsar el debate sobre su idoneidad.

Para tener claro el concepto, veamos algunas características de la renta básica universal:

  • Va dirigida a las personas y no a los hogares o familias.
  • El derecho a recibirla no exige ningún requisito, tan sólo el de ser ciudadano del país.
  • Son indiferentes las fuentes de rentas y de ingresos de cada persona. Por tanto, la renta la recibiría una persona que no tiene trabajo ni recursos, una persona con trabajo y sueldo, una persona millonaria.
  • No requiere una contraprestación laboral ni que la persona se encuentre en búsqueda activa de trabajo. Se paga por el mero hecho de ser persona y ciudadano.

Se especula mucho con el coste económico que ello supondría, se baraja alrededor del 21% del PIB anual, eso sí, siempre y cuando sólo se reparta a las personas mayores de edad, porque si no mejor ni hablamos del gasto que supondría. Claro, esa cantidad ingente de dinero ha de salir de las arcas públicas, de los propios ciudadanos, vía impuestos, por lo que la carga fiscal se incrementaría significativamente, en torno a un 55%.

También habría que tener en cuenta que supondría un efecto llamada en toda regla, los flujos migratorios jugarían un papel determinante en este tema. España pasaría a ser un destino preferente para los inmigrantes, sobre todo los de baja cualificación, que también tendrían derecho a la renta básica.

En este punto, incidir en que otra variante de la renta básica podría ser la de pagarse única y exclusivamente a las personas con nacionalidad española. Si bien es cierto que con ello se evitaría el efecto llamada de los inmigrantes y también el gasto económico sería más reducido, también lo es que la brecha de bienestar, calidad de vida y status social entre españoles y residentes no españoles se agrandaría más aún si cabe, produciéndose desigualdades de cierta índole.

Soy de la opinión de que si la renta es demasiado baja se convertiría en un subsidio gubernamental a las empresas, pero si es demasiada elevada creará una sociedad parásita y sin incentivos de ninguna clase. Por otra parte, si se reparte a todos conlleva un gasto enorme, pero si sólo se reparte a los necesitados se les estaría estigmatizando y marcando. Sí, un tema complejo y delicado.

Pero al principal efecto negativo que supondría (el enorme gasto económico que conllevaría), habría que añadirle un segundo efecto también muy preocupante: la falta de todo estímulo o incentivo para buscar empleo (por tanto para trabajar), para formarse (estudiando, realizando prácticas). Ello acabaría creando una sociedad zombi, en la que se fomentaría la vagancia, la desidia, la falta de realización completa como persona humana, el nivel cultural de la población se vería gravemente mermado, afectaría negativamente al crecimiento económico, a la creación de riqueza y al estado de bienestar, habría enfrentamientos entre las personas que trabajan (y pagan impuestos) y los que no trabajan y están en sus casas cobrando su sueldo sin hacer nada.

Los que están a favor esgrimen los siguientes argumentos:

  • Reduciría la pobreza.
  • Se reducirían los gastos sanitarios y ello favorecería la salud pública.
  • Bajaría la delincuencia, al menos la de pequeña escala.
  • Menos jóvenes se verían obligados a dejar los estudios al no tener que ponerse a trabajar.

Algunos expertos en la materia tan sólo verían razonable implantar una renta básica universal en el supuesto de que el avance de la tecnología y las máquinas destruyera buena parte de los empleos existentes, pero no es precisamente la situación actual, y en el caso de que fuese cierto, aún nos faltaría mucho tiempo para verlo.

Mi opinión es clara al respecto, estoy en contra, como bien decidieron más del 80% de los suizos. Es muy bonito, populista y demagogo decir que la financiación económica de la renta básica universal provendría de aumentar los impuestos a los ricos. Vamos a ver, seamos serios y no digamos tonterías. Los ricos jamás pagarían nada, son ricos, tienen medios, estructuras, los mejores asesoramientos profesionales, para evitar pagar más impuestos.

Como bien decía Thomas Sowell, «uno de los tristes signos de nuestros tiempos es que hemos demonizado a los que producen, subsidiado a los que rehúsan a producir y canonizado a los que se quejan».

En Suiza celebraron hace pocos días un referéndum para ver si la población quería recibir una renta básica, trabajasen o no, de 2.250 euros mensuales. El resultado fue abrumador. Más del 80% se opusieron tajantemente. Recordemos que ya en el 2014 rechazaron también en referéndum poner salario mínimo de 4000 euros mensuales, el más alto del mundo (el salario médio en Suiza en el 2015 ha sido de 84.545 euros al año, es decir 7.045 euros al mes, si hacemos el cálculo suponiendo 12 pagas anuales).

En Finlandia están estudiando la posibilidad de introducir una renta básica para sus ciudadanos mayores de edad, trabajen o no trabajen, sean pobres o millonarios, concretamente unos 800 euros al mes (el salario medio del país es de 3.300 euros, por lo que no daría para vivir).

Como no quieren jugársela, y me parece muy bien, comenzarían en el 2017 y con carácter temporal (duraría sólo dos años) y se aplicaría al 10% de la población. Luego evaluarían y analizarían para decidir si lo terminan implantando definitivamente para todos.

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