Ismael De La Cruz

¿Qué es un depósito estructurado, merece la pena, es seguro?

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Las entidades financieras se lanzaron hace ya tiempo a comercializar un producto que se supone muy interesante pero sin mencionar la letra pequeña. Y es que teniendo virtudes, que nadie las discute, también presenta inconvenientes que son necesarios conocer perfectamente a la hora de decidir si se contrata o no.

Para empezar, decir que un depósito estructurado no tiene nada que ver con un depósito tradicional. Por desgracia el término “depósito” (que siempre se equipara o asocia a algo seguro y garantizado) se estira y estira como una goma elástica hasta terminar por perder su esencia original.

Por tanto, con un depósito estructurado no se tiene garantizado el capital invertido, es decir, no sólo nadie le puede prometer una ganancia x (ya que hasta el día de su vencimiento no se conoce), sino que tampoco le pueden prometer no perder dinero con la inversión.

Un depósito estructurado, para entendernos, sería una especie de “depósito bancario” en el que al vencimiento se recupera el capital invertido, un capital que estará sujeto a una rentabilidad vinculada a la evolución de uno o varios índices bursátiles, de la cotización de un grupo de acciones, o cualquier otro.

Así pues, un depósito estructurado se compone de dos subproductos:

  • Un depósito clásico a renta fija.
  • Una parte invertida en renta variable vinculada a la evolución de un activo subyacente (puede ser la cotización de una acción, una cesta de acciones, un índice bursátil, un fondo de inversión, divisas, materias primas). Es precisamente esta parte la que finalmente hará que la inversión haya sido buena o mala.

Como pueden ver, las ganancias y el éxito de la inversión sólo se producirán si se cumplen unas determinadas condiciones. En caso contrario, la inversión puede ir desde mantenerse inmóvil (sin ganar o perder apenas nada, tan sólo se podría ganar el incremento ofrecido por la renta fija) hasta perder dinero. La idea a tener clara es que la rentabilidad que se obtiene es superior a la de los depósitos tradicionales pero a cambio se asume el riesgo de que la rentabilidad sea nula o incluso negativa.

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) dice literalmente lo siguiente: “Consisten en la unión de dos o más productos financieros en una sola estructura. Normalmente, lo más común suele ser un producto de renta fija más uno o más derivados. Estos productos son de carácter complejo y cuentan con elevado riesgo”.

Es por ello que se trata de un producto de inversión no apto ni recomendable para todo ahorrador, aunque a priori la inversión mínima requerida es asequible, oscilando entre los 600 y los 6.000 euros y el plazo temporal está entre los 3 y los 5 años.

Y sí, el 100% de la inversión está bajo el paraguas del Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), con un límite máximo de 100.00 euros por cliente y cuenta.

Importante no equivocarse y en vez de suscribir un depósito estructurado hagamos un bono estructurado. ¿Por qué? Pues porque la diferencia entre un bono y un depósito estructurado radica en que el bono sólo está garantizado por el banco que lo emite, mientras que el depósito también cuenta con el respaldo y el aval del Fondo de Garantía de Depósitos que como les he indicado anteriormente cuenta con el límite de hasta 100.000 euros por cliente y entidad. No hace falta que les recuerde lo acontecido con los bonos estructurados de Lehman Brothers, que fueron comercializados por bancos españoles y que al quebrar Lehman, los clientes se temieron lo peor con su dinero invertido, ya que solo el emisor responde del bono.

El tema de la liquidez también es preciso conocerlo. Generalmente, los depósitos estructurados presentan una menor liquidez que los depósitos tradicionales, en unos casos no permite la cancelación anticipada (trasladan a los clientes los costes derivados de modificar la estructura ante eventuales salidas de capital, una comisión que suele oscilar entre un 1,5% y un 5% del importe invertido), y en otros casos sí lo permite pero pagando un alto peaje en concepto de gasto o comisión.

Veamos algunos de los diversos tipos de depósitos estructurados:

  • Vincula la rentabilidad a la evolución de un activo subyacente mediante un factor de participación para calcular el interés final devengado por el producto (el factor suele encontrarse entre un 70% – 100% de participación en la evolución del subyacente).
  • Se paga un cupón determinado de antemano si el activo subyacente alcanza un nivel prefijado en alguna de las fechas designadas, independientemente de si el subyacente ha superado este nivel prefijado.

Antes de contratar un depósito estructurado, hágase a sí mismo las siguientes preguntas: ¿Puedo permitirme no disponer del dinero invertido durante varios años (entre 3 y 5)? ¿Podría asumir que pasado ese tiempo me devuelvan el dinero sin haber ganado absolutamente nada?

Esto nos lleva a que deberían de preguntar al banco los siguiente, y por supuesto que la respuesta sea muy clara y transparente: ¿cuál es la rentabilidad mínima que se lograría en el peor de los casos? ¿Se puede sacar el dinero antes y en caso afirmativo qué comisión cobraría por cancelación anticipada?

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