Ismael De La Cruz

Mis comienzos en el trading y en los mercados (II): evolucionando

Evolución

Evolución

 

El ser humano evoluciona, es algo innato a nuestra naturaleza, o al menos debiera de serlo, porque muchas personas optan por anclarse, por no salir de su zona de confort, permaneciendo toda su vida (personal y profesional) aletargada, sin objetivos ni metas que alcanzar, sumidas en la más absoluta vaguedad y pereza.

Este artículo es la segunda parte de un serial que comencé a escribir comentando mis comienzos en el trading a nivel profesional.

Siempre he sido una persona que se mueve por impulsos, por emociones. Esto puede ser bueno o malo, según se mire, pero en este caso en concreto, fue positivo.

Un buen día, un día normal como cualquier otro, sin nada especial ni relevante, me entró un arrebato de los que suelen ser habituales en mí, de esos que tienen reminiscencia con el pasado, cuando somos pequeños y si algo se nos mete en la cabeza lo queremos ya, pero ya es ya.

Es cierto que tenía todo lo que podía desear (una familia que me quería, un trabajo que me apasionaba, libertad financiera, mi propia casa, muy buenos amigos, salud), pero había un elemento que echaba mucho de menos. Por motivos laborales, la mayoría de mis amigos tuvieron que irse fuera a trabajar, a otras ciudades. Estaban repartidos por toda España.

Esto era algo que me afectaba. ¿De qué me servía tener un trabajo (el trading) que me gustase y que me permitiese disponer de libertad y de tiempo para ocio si no tenía ya a nadie con quien quedar, ni siquiera a tomar un simple café?

En ese momento, tuve un “momento de lucidez”. Era un fin de semana, un sábado por la noche. Sin que hubiese absolutamente nada que me hubiese inducido a ello, decidí en menos de 30 segundos (y no exagero) que mi vida iba a dar un vuelco radical y que me marchaba de ciudad (esta es una de las ventajas del trading, basta con tener conexión a internet y puedes vivir donde quieras tan solo llevándote los ordenadores y los monitores, de hecho yo voy ya por 4 ciudades en 5 años, así se evite caer en la monotonía y se disfruta la vida al 100%).

Me levanté rápidamente del sofá y me dirigí a mis ordenadores de trabajo. Comencé a buscar en varias webs pisos de alquiler en Madrid, concretamente en Chamartín, pegando al Santiago Bernabeu, que era la zona que me gustó cuando estuve en la capital.

La verdad es que la empresa resultaba un tanto complicada, por no decir que bastante, porque yo quería alquilar un piso sin verlo ni ir a Madrid, con mis cosas directamente e instalarme. No podía permitirme el lujo de ir (sin conocer a nadie allí, o al menos con la suficiente confianza), alojarme en un hotel a saber cuántas semanas o incluso meses si la búsqueda no era fructuosa, ir a ver decenas de pisos, volver a mi ciudad, hacer la mudanza, y todo ese tiempo sin poder trabajar, sin poder operar, solo gastos y gastos y nada de ingresos.

Como ustedes comprenderán, no podía arriesgarme a alquilar un piso sin verlo in situ, solo confiando en que las fotos que se mostraban en internet obedecían a la más estricta de las realidades (la experiencia de amigos míos me decía claramente que no era una buena opción). Así pues, tenía que pensar en algo rápidamente, porque el arrebato me empujaba cada minuto que pasaba a solo pensar en mi nueva etapa personal y profesional en la gran urbe.

De pronto, descubrí que había hoteles que alquilaban sus habitaciones para periodos más amplios de tiempo. Habitaciones acondicionadas para ello, ya que una habitación de hotel no sirve para vivir, entre otras razones porque no dispone de cocina.

Ahora solo se trataba de elegir el hotel. Dado mi empeño en vivir y trabajar en Paseo de la Castellana, opté por el Hotel Plaza Castilla, de cuatro estrellas. La verdad es que me encantó. Disponía de mi plaza de parking, de una habitación amplia, con un salón espacioso y muy luminoso, con un baño y con una cocina americana. Además, para entrar podía elegir entre el hall del hotel y la recepción o bien otro portal que tenían reservado exclusivamente para los inquilinos. Por si fuera poco, no tenía que pagar luz, ni agua, ni comunidad, ni teléfono, ni internet, y tenía canal plus y muchos canales de televisión.

Claro, vivir en un hotel de cuatro estrellas en Madrid y en Paseo de la Castellana no era precisamente barato, lo puedo asegurar.

Mañana tercera entrega del serial…

Foto cortesía de Free Photo Bank

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