Ismael De La Cruz

Mifid 2 contra las prácticas de los bancos

El 16 de abril de 2014, el Parlamento Europeo aprobó la directiva MiFID II tras unos años de trabajo y negociaciones de la Comisión Europea para revisar la directiva MiFID que lleva en vigor desde el año 2007 y que no logró sus objetivos. Es por ello que llega esta nueva reforma con el claro objetivo de alcanzar un sistema financiero más seguro y transparente, defendiendo al pequeño inversor, evitando abusos y regulando instrumentos negociados OTC y derivados.

Las novedades que trae Mifid 2 son las siguientes:

– Regular, controlar y supervisar productos como los depósitos estructurados de las entidades de crédito, todas las emisiones, la venta de instrumentos financieros emitidos por firmas de inversión.

– Prohíbe las retrocesiones, es decir, el cobro de incentivos de las entidades por vender sus productos, de cara a incentivar un asesoramiento independiente.

– En aras de la buena independencia, el asesoramiento debe hacerse sobre todo tipo de productos y no solo los que interesan a las entidades, evitando incentivos de terceros.

– Se crea el mercado Organised Trading Facilities (OTF) para los instrumentos como bonos, derivados, productos estructurados y aumentan los requerimientos a los operadores.

– Mayor intervención de los supervisores, que tendrán capacidad para prohibir determinados productos o actividades financieras.

– Las entidades que realicen operaciones de trading de alta frecuencia deberán poner en marcha sistemas de cortocircuito para evitar la fuga masiva de los activos.

– Se exigirá a las entidades que adopten las medidas que sean necesarias para lograr el mejor resultado posible para sus clientes (atendiendo al precio, gastos, velocidad, volumen, etc).

– Los mercados se dividen en dos tipos: los transparentes (lit) y los opacos (dark pools). Estos últimos se caracterizan por no ofrecer ninguna información previa a la negociación, es decir, no dan datos sobre precios ni volúmenes de las órdenes. Es donde los inversores institucionales campan a su aire y sobre lo que Mifid 2 quiere regular y controlar.

En la teoría está todo muy bien, pero en la práctica hay un pequeño problema. Vamos a ver, todo el mundo sabe que las empresas al final colocan a sus clientes aquellos productos que les dejan más comisiones, sean propios o de otras entidades, concepto denominado retrocesión y que por si fuera poco casi nunca lo dicen a los clientes, es más, encima alardean de asesoramiento independiente. Sí, Mifid 2 busca acabar con ésto, pero ha cometido un error de bulto al añadir lo siguiente para los bancos: “Sólo deben abonarse o cobrarse honorarios, comisiones cuando lo justifique la prestación de un servicio adicional o de nivel superior al cliente”. Y aquí vendrían una serie de supuestos, que para no aburrirles no mencionaré, tan sólo uno: se pueden cobrar comisiones si se confecciona una cartera al cliente que se revise únicamente una vez al año.

Como pueden ver, todo un despropósito que termina por minar los efectos que potencialmente Mifid 2 podría llevar a cabo.

Y no es tema baladí, la propia Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) reflejó en un informe hace relativamente poco que visitaba a las entidades bancarias haciéndose pasar por clientes y pudo comprobar cómo al final los bancos sólo venden y colocan sus propios productos y ofrecen a la vez un asesoramiento camuflado.

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