Ismael De La Cruz

La realidad de las emisiones de bonos a muy largo plazo

Es una realidad que con el actual panorama con tipos de interés en mínimos debido a las medidas adoptadas por los Bancos Centrales, es un caldo de cultivo para que asistamos a la colocación de emisiones de bonos a plazos muy elevados, no sólo a 50 años, incluso también a 100 años.Y es que los países ven una oportunidad interesante para intentar garantizarse cuanto menos una financiación a muy largo plazo con unos tipos de interés que históricamente hablando están muy bajos.

Fíjense, a modo de ejemplo, que en el 2015 hubo emisiones de bonos a 100 años por México y Filipinas, así como por compañías como EDF y Petrobrás. En 2016 tenemos a Irlanda, Bélgica, Italia, España, Francia y Austria. Los datos oficiales hablan de que en el 2016 se han colocado 50.000 millones de euros en títulos a plazos que superan el umbral de los 30 años.

El caso de Austria, por ejemplo. Vendió 2.000 millones de euros en títulos con vencimiento nada más y nada menos que en el año 2086. Pero no es el récord, Irlanda y Bélgica colocaron bonos a 100 años.

Otro dato a tener en cuenta: el bono español a 50 años se vendió a un tipo de interés medio del 2,68%, por su parte el de Austria al 1,5% (70 años) cuando el bono a 10 años tiene el 0,26%.

La pregunta es por qué los inversores están mostrando interés en invertir en estos plazos tan largos, si es una buena opción o no.

Partimos de la base de que es una opción ventajosa para el que vende. ¿Y desde el punto de vista del que compra? La palabra clave aquí es riesgo.

La idea es que los inversores se han animado a apostar por inversiones longevas teniendo en cuenta que la deuda pública a corto plazo ofrece poco atractivo, incluso presenta interés negativo. Y además las entidades bancarias no retribuyen bien los depósitos, lograr una rentabilidad del 0,5% de interés en un plazo fijo resulta en muchas ocasiones toda una quimera.

Pero el riesgo es inherente. Tengan en cuenta que el hecho de depositar dinero a tan largo plazo implica estar al arbitrio de sucesos del todo imprevisibles a día de hoy, sucesos a 50 años vista, ya ni les cuento a 100 años. Si algo nos ha enseñado el tiempo es que nada ni nadie está a salvo eternamente, ningún país puede decir de manera sincera que estará siempre a salvo. La ecuación a mayor plazo temporal mayor riesgo es la piedra angular en lo que se refiere a invertir en deuda. Hay que tener en cuenta que a mayor plazo existe más probabilidades de que la solvencia del emisor se resienta, por no hablar de la incidencia que ocasiona la fluctuación de la inflación sobre el rendimiento del bono, es decir, si la inflación es mayor que la rentabilidad del bono, mal asunto para el inversor.

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