Ismael De La Cruz

Dos Nobel de Economía y dos teorías opuestas. ¿Con cuál está de acuerdo?

¿Con qué Teoría se identifica usted?

¿Con qué Teoría se identifica usted?

 

Les voy a plantear una pregunta. Hay un dicho muy famoso que dice que el Premio Nobel de Economía se le puede conceder a dos personas con trabajos opuestos y contradictorios entre sí. Esto es lo que ha sucedido en la presente edición.

El trabajo de Eugene Fama versa sobre la teoría del paseo aleatorio de los mercados financieros, es decir, la Teoría del Mercado Eficiente (EMH). Según su trabajo, los movimientos futuros de los mercados bursátiles no se pueden predecir y no guarda relación con lo que haya sucedido en el pasado. Por tanto, todo es fruto del factor aleatorio.

El trabajo de Robert Shiller se basa en que los mercados se mueven por impulsos emocionales e intuitivos de los participantes en los mismos, los inversores. Por tanto, es la psicología humana, la psicología de los inversores lo que realmente mueve en una dirección u otra a los mercados, pudiéndose prever la dirección de los mismos, puesto que los precios están influenciados por la euforia o el miedo de los inversores.

Como verán, son dos planteamientos opuestos entre sí, en cambio ambos han sido galardonados con el Nobel de Economía este año. La pregunta que les lanzo es obvia, ¿con qué teoría se identifican ustedes?

Antes de exponerles mi respuesta, les voy a hablar un poco sobre este tema, que creo que es muy interesante y se pueden extraer algunas conclusiones muy interesantes.

La Teoría del Mercado Eficiente dice que los precios del mercado reflejan toda la información relevante disponible y que el ajuste a la nueva información es instantáneo. Esta Teoría se basa en que los mercados descuentan automáticamente cualquier nueva información que se produce.

De esta teoría se desprende que las cotizaciones bursátiles siguen un comportamiento idéntico al de un paseo aleatorio, es decir, los sucesivos cambios son estadísticamente independientes y la correlación serial es cero. Traducido, en un proceso aleatorio no se puede predecir el futuro, lo que va a suceder, basándonos en el estudio y análisis de lo sucedido en el pasado. Por tanto, no se puede obtener de manera constante rendimientos superiores al índice de mercado de referencia.

¿Por qué no puedo estar de acuerdo con esta Teoría? Sencillamente porque la psicología de las masas es la que impera en los mercados. ¿Por qué creen ustedes que funcionan los niveles Fibonacci (que no tienen nada del otro mundo)? ¿Por qué creen que funcionan los soportes y las resistencias, los números redondos, las medias móviles más populares? Aquello que funciona es porque es utilizado por una amplia mayoría de inversores, con lo que el volumen se encarga del resto.

Esta Teoría es la esgrimida por los analistas fundamentales (AF) que basan sus análisis y estrategias operativas en ratios económicos, dejando en un segundo plano (por no decir en un plano simbólico) a los gráficos.

Como todo en la vida, los polos extremos no son buenos ni recomendables. Yo soy analista técnico pero utilizo también el análisis fundamental para recabar la mayor información posible, de manera que cuantas más herramientas y elementos tengamos, más sólida y equilibrada será nuestra operativa.

Todo esto me lleva al tema de las anomalías de los mercados, tales como:

* El calendario: aquí incluiría a las pautas estacionales.

* La información: un dato positivo o negativo provoca una reacción excesiva y desproporcionada en los precios de cotización.

El hecho de que exista un determinado grado de aleatoriedad en los mercados no implica que los precios se muevan al azar. Todo está correlacionado, la clave son los sistemas fractales y la Teoría del Orden.

Veamos un ejemplo: un riachuelo, una charca. El agua lleva una dirección, parece que es un todo homogéneo y ordenado. Si ustedes meten la mano o el pie y comienzan a agitarlo, se produce un desorden total, instantáneo, pero el agua sigue llevando su curso, la misma dirección, al momento ese pequeño “desorden” se vuelve a convertir en orden. Todas y cada una de las gotas de agua que forman ese riachuelo forman un todo, un orden.

Foto cortesía de Free Photo Bank

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